Crisis Económico-Financiera: Necesidad en la Coordinación de Políticas








por Rafael Simón Hernández J

Tome la decisión de armar este pequeño escrito, con la intención de referirme a lo dramático que resulta la total “descoordinación” de políticas entre los principales actores del mundo económico, ante el fenómeno que supone la crisis económico-financiera con la que hemos tenido que lidiar desde finales del 2007 hasta nuestros días. Una falta de coordinación, que genera enormes dudas sobre el dónde estamos, sobre qué ha de hacerse, sobre qué se ha de esperar de las más altas esferas del poder político en la configuración de políticas y mecanismos de respuesta, y conocer con certidumbre la magnitud del hueco en el que estamos hoy día.

Resulta muy curioso además, la existencia de pareceres muy distintos, de ópticas muy divergentes entre una serie de “expertos” con relación al fenómeno. Algunos hablan de que lo peor lo estamos viviendo, otros que lo peor está por venir, mientras que para otros ya pasamos la crisis y se atreven a referirse sobre aquellas “secuelas” que dejó el fenómeno???
Los comentarios de estos “expertos”, corren por los medios por calles tan opuestas, que no hacen sino generar muchas más dudas sobre el camino a transitar, dudas en relación a las medidas más idóneas a desarrollar para terminar con los efectos perversos de esta crisis, y poner en definitiva a funcionar el carro de la economía para que genere crecimiento (en una primera etapa) y propiciar -a raíz de tal- desarrollo y bienestar colectivo.
El mundo que nos ha tocado vivir, desde mediados de los años ‘80 y afianzado a lo largo de los 90’s, nos ha hecho entender que estamos en un mundo cada vez más interrelacionado, en un mundo cada vez más conectado, en un mundo “globalizado” (y esta crisis lo ha hecho verdaderamente patente); y ésta cada vez mayor cercanía entre unos países y otros, ha hecho que existan enormes interdependencias entre las principales economías del orbe.
Las vías a través de las que se producen estas interdependencias son múltiples, y sólo por mencionar algunas de ellas:
.- los impulsos de demanda de países con cierto tamaño y grado de apertura se traducen en impulsos de demanda externa para sus socios comerciales,
.- la elevada interdependencia financiera a nivel global, hace que los tipos de interés tiendan a moverse -claro está, esto en función al grado de movilidad del capital y de la sustituibilidad de los activos financieros- conjuntamente o siguiendo aproximadamente el mismo ciclo,
.- las apreciaciones y depreciaciones de las monedas no se producen en abstracto sino en relación con otras, y
.- las evoluciones de los precios relativos afectan a la competitividad y los equilibrios externos de los distintos países.
Esa mayor interrelación, conectividad e interdependencia entre países, hace que aquellos shocks que afecten a una economía, puedan transferirse también a otros, haciéndolas más vulnerables y provocando que las acciones de políticas, tomadas de modo individual en un país “x”, puedan diluirse y perder efectividad.
Adonde quiero llegar es sobre la necesidad de que, para salir de esta enorme crisis económico-financiera, de un modo coherente y acertado, se requiere de la coordinación de políticas económicas entre los principales actores de esta película.
La coordinación, vendría referida a los “acuerdos” entre países (dos o más) para establecer un set de políticas económicas a desarrollar, con miras a salvar estas situaciones difíciles en la esfera económica, financiera y productiva. Es decir, la coordinación de políticas debe entenderse, como un proceso cohesionado en la toma de decisiones, que maximice el bienestar conjunto y permita explotar positivamente tales interdependencias.
Mientras no se observen tales acuerdos, mientras no se consiga una voz única, sólida y respetada, que lleve la batuta para lograr esa coordinación de políticas macro que permitan paliar y superar la crisis, seguiremos observando movimientos erráticos y divergentes en materias de políticas entre los líderes de la UE, USA, Japón entre otros, con el desagradable sabor de sus efectos negativos.
En ese sentido, ha de comentarse que -y aquí el por qué de los primeros párrafos- , la posibilidad de efectuar una coordinación eficiente en el campo de la política económica entre un conjunto de países/agentes, requiere no sólo un diagnóstico correcto de la posición en la que se encuentra la economía, sino también sobre los acuerdos en los objetivos a alcanzar con tales políticas y los efectos de las mismas. No llegar a acuerdos sobre tales, supondrá el fracaso anticipado a cualquier esfuerzo de coordinación.
Por lo pronto, nos encontramos con las principales economías del mundo con unos déficits enormes; con USA intentando recuperar parte de sus estímulos; con un binomio Francia-Alemania reduciendo la jornada laboral y rebajando impuestos para tratar de hacer funcionar sus aparatos y viendo quien manda sobre quien; con un Reino Unido que ha visto caer su producto en 0,4% entre julio y septiembre; con una España negada a flexibilizar sus políticas laborales y pensando en incrementar los impuestos; un Japón viendo un cambio de riendas en lo hacedores de políticas y esperando poder salir de su particular crisis de ya 10 años; una China que publicita haberle pasado por encima a la crisis, y otros tantos perdidos.
La película parece larga…

La vivienda en Venezuela

Por Rafael Simòn H.


Una importante deuda social que respira en Venezuela, por sus cuatro costados, es el “déficit” habitacional.

La mayor parte de la población venezolana habita en barrios marginales, ubicados -gran parte de ellos- en los alrededores de las grandes ciudades. Según el Censo del año 2001, aproximadamente, el 53% del total de las viviendas se ubicaban en barrios, donde vivían para entonces, unos 12 millones de personas, que en su momento significaba poco más de la mitad de la población en Venezuela.

El crecimiento exponencial que experimentan estos los barrios en las grandes ciudades se suele dar sin ningún tipo de control o seguimiento técnico, siendo además estos “ranchos” estructuras aventureras a base de mampostería, bloques de concreto o de arcilla, que llegan a alcanzar alturas de hasta 7 u 8 pisos.

Sea cual sea la fecha que le demos al inicio de esta tragedia en Venezuela, lo que sí está claro es la total ausencia de un plan de políticas públicas coherente, consistente, planificado para procurar el desarrollo de complejos habitacionales y lograr cerrar las brechas de este déficit que no hace sino aumentar con los años.

Prestando atención a la Constitución, el artículo 82 expone que “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénica, …”, y a pesar que, tal como lo comentan los “expertos” en el tema, no existe una definición explicita de “vivienda adecuada”, se pudiera estar de acuerdo en que la oferta de tales, debería estar constituida por viviendas que sean aceptables, incluyendo dentro de su concepción una adecuada seguridad de tenencia; estabilidad y durabilidad estructural; adecuada iluminación; ventilación; adecuada infraestructura básica, como suministro de agua, facilidades sanitarias y manejo de desperdicios; así como ubicación adecuada y accesible en relación al trabajo y a las facilidades básicas.

Siendo el déficit habitacional una realidad en nuestro espacio social, en donde no se está del todo de acuerdo es en la cifra que alcanza ese déficit. Sin embargo existen algunas pistas, por ejemplo:

- Según un informe del Ministerio de Vivienda y Hábitat del 25 de julio de 2005, el déficit se ubicaba en torno a 1.800.000 viviendas;

- Según reseña del diario El Universal, del 10 de marzo de 2007, la cifra del déficit alcanzaría 2.500.000 viviendas, cifra ésta que incluye el 1.800.000 viviendas que se ha mantenido como cifra oficial desde hace algún tiempo, más 700.000 viviendas que deben ser sustituidas por situación de riesgo o deterioro;

- En un informe del INE comentado en el trabajo de “Vulnerabilidad de la Vivienda en Venezuela”, elaborado por Lafuente y Genatios, el déficit alcanzaría ya los 3.000.000 de viviendas (página 2 del referido estudio), números que dan cuenta de poco más de 13 millones de venezolanos que no disponen de viviendas adecuadas.

Segùn expertos en la materia, el tema es muy complejo, con el agravante de que, año a año, se suman entre 100.000 y 150.000 viviendas a los requerimientos habitacionales por parte de la población.

Para atacar el problema del déficit habitacional en Venezuela -en un período de 10 años-, siempre que asumiéramos el déficit en los 2,5 millones de viviendas (número expuesto en la reseña del diario El Universal del 10 de marzo de 2007), habría que diseñar planes que permitieran construir un promedio de 350.000 viviendas/año.

Por supuesto, un número como el requerido, dista en mucho de la realidad que podemos contrastar. La siguiente gráfica da cuenta de los resultados en materias de construcción de viviendas en Venezuela en los últimos años:

Para algún otro artículo podrían mencionarse algunas salidas al tema, no costosas, factibles y sustentables.
Sin embargo, para la ocasión y sin la intención de generar desánimos, habría que terminar diciendo que, hoy son requeridos cambios dramáticos en torno al tema, pues el clima de polarización política del país junto a la inseguridad jurídica inhiben continuamente la inversión del sector privado. Por otro lado, la alta demanda de inmuebles hace que se disparen los precios en el mercado secundario, mientras que los subsidios y apoyos financieros otorgados por el gobierno no alcanzan para que la población necesitada acceda a la oferta de viviendas existentes, por demás insuficiente. El problema se complica cuando escasean los insumos para la construcción, con lo que aumentan los costos de producción de nuevas viviendas.