Calentamiento Global…factura pendiente a la era industrial

Por Rafael Simón Hernández

Estaba revisando los resultados de la Reunión del G-8 en L’Aquila – Italia (julio pasado), y observaba que los líderes de este selecto Grupo declararon, por primera vez, que “cualquier aumento de la temperatura provocado por la acción del hombre no debería superar los 2ºC en relación a las temperaturas promedio de la era preindustrial”.

Resulta interesante encontrar que, en medio de la continuidad a la crisis económico-financiera en la que el mundo se encuentra (y a pesar de los brincos de emoción y regocijo que han dado hoy alemanes, franceses y japoneses al haber experimentado incrementos en sus respectivos PIB que no van más allá del 0,9% y que les hace suponer la salida a la recesión…yo sería menos confiado) el G-8 ha dedicado esfuerzos por tratar este tema tan particular. Por ello, me pareció interesante hacer algunas consideraciones del por qué de todo esto y exponer la necesidad de que los “esfuerzos” sean reales y no meras declaraciones.

La preocupación por el “calentamiento global” tuvo su origen en un artículo publicado en 1957 por Roger Revelle y Hans Suess, ambos del Institute Scripps de Oceanografía de California (USA). En éste artículo, los científicos advertían que las actividades agrícolas e industriales estaban teniendo como resultado un peligroso incremento de los niveles de CO2 en la atmósfera, con consecuencias imprevisibles para la temperatura de la Tierra.

En pocas palabras, el calentamiento de la Tierra es el resultado de la progresiva acumulación en la atmósfera de gases que impiden que el calor se escape del planeta. En este proceso, los rayos del sol entran a la Tierra a través de la atmósfera, y cuando los rayos del sol chocan con la superficie del planeta, estos se transforman en energía infrarroja y en calor. El calor asciende y provoca que las moléculas de dióxido de carbono y otros gases de la atmósfera terrestre entren en vibración. Así, las moléculas de gas actúan como reflectores y devuelven parte del calor a la superficie, lo que produce un efecto de calentamiento.

Los científicos han podido determinar que el aumento del dióxido de carbono es el responsable del 70% del calentamiento global, mientras que el metano y el óxido nitroso se reparten el resto del efecto del calentamiento global en 24% y 6% respectivamente.

Algunos estudios indican que, la atmósfera contiene hoy día 31% más de CO2 que el que contenía en 1.750, mientras que la concentración de metano y óxido nitroso es, respectivamente, 151% y 17% mayor a los niveles experimentados ese mismo año.

Prácticamente el 75% del incremento en las concentraciones de CO2 de los últimos 20 años es atribuible a la quema de combustibles fósiles; el incremento en la concentración de metano es atribuida a las emisiones de arrozales, los vertederos y las flatulencias animales; mientras que, la concentración de óxido nitroso es producto del uso extensivo de los fertilizantes químicos en el suelo agrícola, la industria química, entre otros.

Es indudable que, el incremento de las emisiones de gases nocivos para la supervivencia del planeta se ha producido a partir de la necesidad de generar energía (electricidad, gasolina, otros carburantes, fertilizantes, etc.) que nos permitan mover, utilizar y desarrollar maquinarias para producir bienes y servicios, y con ello hacer las cosas propias de nuestra vida “cotidiana”.

Lo anterior, parece dejar en evidencia que, en un mundo apegado y desesperado por mantener las luces encendidas y nuestros vehículos en marcha, a muchos pudiera parecerle que no queda otra opción que emplear una cantidad cada vez mayor de combustibles, y sacrificar “por ahora” los intereses de nuestro planeta en beneficio de las necesidades y la generación de ganancias económicas en el corto plazo.

Algunos datos en cuanto a las necesidades de consumo de energía resultan interesantes en este debate. Por ejemplo, las previsiones más “conservadoras” predicen que, cubrir los requerimientos energéticos de la población de la Tierra -en constante aumento-, requerirá duplicar el consumo de energía entre el año 2.000 y 2.040, se triplicará la misma antes del 2.070 y se cuadriplicará antes del 2.100.

Lo anterior, implicará triplicar las emisiones anuales de dióxido de carbono, desde los 6.000 millones de toneladas de carbono en el año 2.000 hasta unos 20.000 millones de toneladas en el año 2.100.

Por último, en un informe de los científicos del Panel Intergubernamental sobre cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) se afirma que, la temperatura media de la Tierra aumentó entre 0,6 +/- 0,2 °C a lo largo del siglo XX, siendo éste el mayor incremento en la temperatura media del planeta ocurrido en un siglo durante los últimos 1.000 años. Además, los modelos informáticos y estadísticos del IPCC prevén que la temperatura media global de la superficie aumente entre 1,4 y 5,8 °C antes del año 2.100.

La tarea está pendiente…

Sobre las Políticas Industriales y los Sistemas Políticos


Por Rafael Simón Hernández

No pude resistir la tentación de escribir -al leer el artículo de mi compañera Mónica-una pequeña reflexión para el caso venezolano y la necesidad imperiosa de llevar adelante “verdaderas” políticas industriales que contribuyan a mejorar el panorama (nada envidiable) en el que se encuentra el país hoy día, desde el punto de vista de la producción y la generación de riquezas.

Podría empezar por comentar que, una “Política Industrial” no es más que un conjunto de acciones, emprendidas mayoritariamente desde y por la Administración Pública, y que tiene como principal objetivo aumentar la competitividad de la industria de un país o región.

Algunos historiadores comentan que, el origen de tales políticas se sitúa alrededor de los años ´30 del pasado siglo, como resultado de la necesidad de ubicar, desde los más altos niveles de gobierno, salidas a la crisis económica tanto por parte de los Estados Unidos como de Inglaterra en los años de la Gran Depresión.

Con políticas bien estructuradas, cohesionadas, estables y rigurosas, alcanzaron subsanar la depresión por la que atravesaba la economía norteamericana en esos años, y al final de la misma se encontraron con un entramado industrial muy fuerte y competitivo, entiendo por “competitividad” la capacidad de una organización para obtener y mantener “sistemáticamente” unas ventajas comparativas que le permitan alcanzar, sostener y mejorar una determinada posición en el entorno socioeconómico en que actúa.

A grandes rasgos, los “Objetivos Generales” de la Política Industrial están dirigidos a lograr: Equilibrio de la balanza de pagos, Incrementar la productividad y competitividad de la economía interna y por ende la competitividad del entramado industria de un país o región, Fomentar la actividad industrial y Reducir ciertos desequilibrios.

Sin embargo, la Venezuela de la primera década del presente siglo, se encuentra enmarañada en un proceso engorroso por demás en cuanto a la definición del sistema ó esquema “político” que ha de primar, y que constituirá -al final del proceso- la base/plataforma desde la cual se han de generar tales políticas (en caso de que alguna política se quiera constituir).

Siguiendo a Samuel Huntington (El Orden Político en las Sociedades de Cambio), un sistema político es “un conjunto formado por unas determinadas instituciones políticas, que tienen unas determinadas expresiones formales identificables en el régimen jurídico, en relación con un cierto nivel de participación que se manifiesta en conductas observables empíricamente y referidas al ejercicio del poder político por medio de las instituciones y los actos del gobierno”.

La historia económica ha dado demostraciones claras de cuál sistema ha dado resultados, ha demostrado que esquemas funcionan y cuáles no, cuáles esquemas han generado y mejorado la calidad de vida para el hombre y cuáles han quedado a medio camino, pero a pesar de ello, es ahí donde se libran duras batallas hoy día en nuestro espacio-país.

El que podamos producir más y mejor, el que podamos generar verdadera riqueza, el que podamos construir un aparato industrial robusto y diversificado dependerá de la definición y escogencia del sistema político a seguir, eso sí, habrá que recordar que la palabra clave para muchos aspectos de la vida cotidiana así como para llevar adelante procesos de producción pasan por contar con “incentivos”, y que estos están ligados en los aspectos productivos a las formas de propiedad…parece que hay “tarea para el hogar”!!!